12 de diciembre de 2011

Vistas al amanecer

Son muchas las ideas que tengo. Algunas son ilusionantes y estimulantes, otras son sencillas y entrañables, otras son tan difíciles de plasmar que me produce vértigo pensar en ellas. Algunas, la mayoría, descansan en rincones de mi mente o en carpetas austeras que duermen en mi habitación. Sin embargo, hay una, y solo una, que ha empezado a materializarse, a adquirir características tangibles, a ser escrita. Se trata de una idea que ha mutado mucho desde que la pensé por vez primera; hoy he decidido reemprender la escritura y me he cerciorado de que no puedo escribir confiando en una gran inspiración. Eso me funcionó durante las primeras 20 o 30 páginas, no más. Llegué a un punto en el que avanzar era una tarea tan ardua que rayaba lo imposible. Abandoné momentáneamente, y digo abandoné porqué me olvidé casi por completo del placer que produce escribir, así que hoy he tomado una decisión: ordenar todas mis ideas, recopilar todos los apuntes que se esparcían desordenados por mi escritorio y emprender la redacción de un guión que me permita vertebrar la historia de manera clara y ordenada. Ha sido relativamente fácil, pues ya había esbozado algo parecido algunos meses atrás. Sin embargo, he visto tantos fallos en la trama, tantas imperfecciones clamorosas, que he decidido dar un giro a la idea principal. Creo que esto me ayudará a ordenar las ideas y a plasmar mi historia de manera más fluida sobre el papel.

En las próximas semanas veré si la confección de este guión resulta efectiva y me ayuda como pretendo que lo haga. Reescribiré aquellos pasajes que creo conveniente modificar y encararé con la mayor de las ilusiones la redacción de una historia de las estimulantes, de aquellas que por su naturaleza crees que son especiales, ese tipo de historia que brilla por su propia identidad, mi primer libro, el primer viaje hacia un horizonte anaranjado; el amanecer de mis días como escritor.

E.

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